La Edad Media y algunos de los mejores vinos blancos del mundo

por Roger Sordé Masip  @rogersorde

 

Algunas pinceladas de historia

La Edad Media, o Medievo, es el período histórico de la civilización occidental comprendido entre los siglos V y  XV. Su propio nombre deriva de la mediocridad generalizada que muchos historiadores han considerado imperaba en el mundo durante dicho período.  En este sentido, la Edad Media se ha catalogado tradicionalmente como una etapa sin apenas valor por sí misma, encontrándose entre la esplendorosa Edad Antigua, identificada con el arte y la cultura de la civilización grecorromana clásica, y la renovación que implicó, a todos los efectos, el Renacimiento.

A pesar de tratarse de un periodo dominado por la oscuridad, el aislamiento, la ignorancia, la superstición y el miedo, alimentados por la inseguridad endémica, la violencia y brutalidad de las guerras y por frecuentes epidemias apocalípticas, la Edad Media también fue el momento en que se empezó a dibujar el mapa de los países que configuran la Europa actual y el período en que el cristianismo clavó fuertes sus raíces en “El Viejo Mundo”.

A esta expansión y consolidación del cristianismo debemos, los amantes del mundo del vino, el hecho que esta bebida pudiese superar con firmeza esta época, ligeramente borrosa, de nuestra historia.  La Iglesia protegió la cultura del vino porqué, principalmente, éste formaba parte de su propio culto durante la celebración eucarística. Así hizo posible que el vino sobreviviese a la incisiva pujanza de las culturas que, a norte y sur, rodeaban lo que había sido el antiguo Imperio Romano y que preferían promocionar la cerveza o la misma abstinencia alcohólica.

ABB3

 

Algunas luces en pleno Medievo

La Edad Media destaca también por ser fuente de inspiración de infinitos mitos y leyendas relacionados con reyes, princesas, caballeros e incluso dragones.

A poco más de 300 Km de París, en dirección sureste, se encuentra un mágico lugar dónde se concentran varios viñedos de los cuales nacen, en la opinión de muchos – entre los que me incluyo -, algunos de los mejores vinos blancos tranquilos del mundo.

Nos situamos, concretamente, entre las poblaciones-comunas de Chassagne-Montrachet y Puligny-Montrachet (Côte de Beaune, departamento de la Côte-d’Or), en la región de Bourgogne.  En este rincón de tan afamada región francesa, dónde la práctica totalidad de los vinos son blancos y se elaboran exclusivamente a partir de Chardonnay, se acumulan un total de cinco viñedos clasificados como Grand Cru (máximo nivel de calidad y nobleza) y más de veinte como Premier Cru (la siguiente categoría).

Los Grand Cru de la zona son Le Montrachet y Bâtard-Montrachet, con terreno en ambas poblaciones, Le Chevalier-Montrachet y Bienvenues-Bâtard-Montrachet que se encuentran totalmente dentro de la comuna de Puligny  y, finalmente,  Les Criots-Bâtard-Montrachet, que se ubica enteramente en Chassagne. De los Premier Cru circundantes se pueden destacar Les Pucelles, Les Demoiselles, Les Combettes, Les Folatières y Le Cailleret, todos ellos situados en Puligny. Muchos de los nombres de estos viñedos hacen honor a una curiosa historia que se remonta precisamente a la Edad Media.

Geografia

Cuenta la leyenda que en la época de las Cruzadas, un hermoso castillo se erigía en la cima del “monte calvo o pelado” (mont rachaz, dónde “rachaz” significaría “pelado” según algunas versiones o un “ave rapaz” que habitaba la zona, según otras y de ahí, evolutivamente habría surgido “Montrachet”). El Señor de Puligny, propietario del Castillo, mandó a su hijo a Tierra Santa convirtiéndolo así en el famoso “Chevalier Montrachet”.

Para paliar la inquietud de lo que pudiese ocurrir a su hijo en plena batalla, el Señor se refugiaba en repetidos actos carnales con las doncellas del lugar (Les Pucelles) y de una de estas “travesuras”, muy frecuentes en la época, nació su segundo hijo, el bastardo (Le Bâtard-Montrachet). Ocultado primero y desterrado después, Le Bâtard decidió unirse a la lucha por el cristianismo y rápidamente se convirtió en un guerrero temible que llevó a su ejército a renombradas victorias sobre los musulmanes.

Tras la muerte en batalla de Le Chevalier, el Señor de Puligny gritó desconsoladamente de dolor (“Criot” en el ancestral dialecto bourguignon significa “Crier”). Añoso, enfermo, triste y avergonzado, decidió finalmente reconocer a su hijo bastardo y hacerlo heredero de sus propiedades. Tras llegar dicha noticia a Tierra Santa, Le Bâtard envainó su espada y volvió a las tierras que lo habían visto nacer. A su llegada, multitud de aldeanos, corearon fuerte para recibirlo con infinitos “Bienvenue au Bâtard Montrachet !”. El Señor de Montrachet podía entonces descansar en paz.

Crus

Años después, siendo todas estas tierras propiedad de la Abadía de Maizières, se recordaron estos “hechos” a la hora de nombrar y repartir las citadas parcelas, todas ellas con pequeñas particularidades por lo que a composición del suelo e inclinación respecta y que dan lugar, en consecuencia, a vinos con características sutilmente diferenciadas.

ABB19

 

Hablemos de botellas

Es difícil concretar recomendaciones cuando se está hablando de tan alabados vinos y cuando estos están al alcance solamente de privilegiados bolsillos. Basándome en mi experiencia personal quiero contarles que con un Bâtard-Montrachet Grand Cru 2007 del Domaine Olivier Leflaive, catado a pie de viñedo, viví una de las experiencias más gratas hasta la fecha.

Bones A

Para hacer honor a otras grandes zonas con increíbles blancos tranquilos, citaremos algunas botellas más que también me dejaron marcada y duradera huella:  de Alemania, un Weingut Dönnhoff Riesling Trocken del 2009; de España, un Viña Tondonia Gran Reserva Blanco del 1991 – DOCa Rioja – y un As Sortes del 2011 -fabuloso Godello de Rafael Palacios, DO Valdeorras – ; de mi tierra, Catalunya, tres joyas también del 2009: de la DOQ Priorat, un Nelín de Clos Mogador, con base de Garnatxa blanca (en un 54%) y un Òlbia de la Bodega Marco Abella, con el Macabeu (Viura) como uva principal; y para concluir, de la DO Pla de Bages, un Nuat de Abadal con la variedad estandarte de la zona, la Picapoll, presente en un 80%.

Bones C

Nota: Artículo originalmente publicado en la Revista Dine Out Asunción, Nro. 8 (2015), pág. 98-101.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s