¡Por fin! Libros y vinos en Montevideo

por Alejandra Bretón @_alebreton

Cada vez que visito Montevideo me gusta sentirme un poco turista en mi propia ciudad y conocer lugares nuevos. Siempre estoy tomando nota de recomendaciones gastronómicas donde trato que coincidan mis encuentros con familia y amigos.

Del último viaje que realicé a fines de agosto, rescato dos sitios de reciente inauguración que recomiendo tanto a visitantes como a quienes tienen la dicha de vivir en mi ciudad natal.

Si bien los dos espacios son muy diferentes en su propuesta, el común denominador es que al visitarlos no pude contener la emoción y expresar ¡por fin!

Escaramuza

Librería, café, centro cultural, así la definen sus creadores.

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En una antigua casona del 1900, ubicada en el límite de los barrios Parque Rodó y Cordón, se encuentra este emprendimiento de ensueño para los amantes de la lectura.

La finca fue remodelada de forma exquisita, manteniendo el techo de vitraux, la claraboya, los pisos de baldosa y madera, los azulejos del pasillo y la glorieta del fondo por donde trepa un jazmín, entre otros tesoros.

Algo que llama la atención es la luminosidad del lugar. Llegué a media tarde y el sol iluminaba la fachada, entraba a través de techos y ventanas, y estaba presente en el fondo. A medida que fue oscureciendo el ambiente mutó sin perder calidez, con el encendido de lámparas de filamento colgantes en la zona del café, las guirnaldas de lamparitas en el fondo y las luminarias poliedro en cada una de las secciones de la librería.

Estanterías de piso a techo y estancos de madera distribuyen en diferentes habitaciones una selección de libros cuidada: infantil-juvenil, narrativa, arte, filosofía, especialidades. En la variedad está el gusto, se aprecia el oficio de libreros y editores de sus propietarios y la intención de proponer títulos y autores fuera de los best sellers.

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La oferta se complementa con una agenda de talleres y actividades culturales que se promociona en un pizarrón y en redes sociales.

El sector gastronómico lo comanda la dupla Morales-Courrèges (cocineros del restaurant La Huella de José Ignacio). Al mediodía se ofrece un menú para almuerzo y el resto de la jornada la cafetería invita con variedad de infusiones y pastelería.

El local permanece abierto de 9 a 21 horas de lunes a sábado. Tanto el espacio interior como el fondo se prestan para perderse entre las páginas de un ejemplar recientemente adquirido.

Hay algo seguro, imposible irse de allí sin un libro y las ganas de volver. 

Bocanegra

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Cuando me enteré de su existencia estaba en la lista de lugares que sí o sí tenía que visitar en este viaje.

Me atrevería a decir que es el primer wine bar de Montevideo, donde se puede beber vinos por copa y comer tapas.

A la hora de elegir el emplazamiento sin duda los propietarios tuvieron presente la máxima del marketing: ubicación, ubicación, ubicación. Eligieron la esquina de Ellauri y García Cortinas en Punta Carretas, frente al centro comercial del mismo nombre, uno de los barrios residenciales de mayor densidad de población y concentración de hoteles y comercios lo que asegura buen tráfico.

Llegué a las 20:30 horas un viernes y debo decir que no dejó de entrar gente hasta las 12 de noche. Parejas, grupos de amigos, gente joven y más veterana, turistas y montevideanos.

El sistema de degustación es autoservicio para los vinos por copa. Se adquiere una tarjeta con chip a la que se le carga el monto que se desee. Luego se toma una copa de la estantería y se pueden degustar 24 vinos diferentes de los expendedores Enomatic, en tres medidas (cata, media copa, copa entera). Si bien la idea es que cada uno elija libremente, cuentan con el servicio de un sommelier para asistir a quien lo desee.

En oportunidad de mi visita, una de las máquinas agrupaba blancos y rosados tanto uruguayos, argentinos como chilenos. Luego dos máquinas estaban dedicadas a los tintos, segmentadas por gama media y premium. También allí los orígenes eran variados: Uruguay, Argentina, Chile, España y Francia. Las opciones de vinos disponibles van rotando.

Las estanterías tienen vinos de diferentes procedencia para la venta, con mayor incidencia de uruguayos. Si se desea adquirir una botella para beber en el lugar se cobra un descorche de UYU 100 (USD 3.50). También hay oferta de cervezas y otros espirituosos.

El lugar está muy bien puesto. El uso del espacio es eficiente y cálido. Hay un par de barras de madera con banquetas altas que se comparten, tres rincones en torno a barriles y un living con sillones. El sitio cuenta con un privado para eventos y degustaciones o para albergar grupos con reserva previa.

La propuesta de tablas de quesos y fiambres así como las tapas es rica y variada. La dinámica a veces se trancaba un poco pero con paciencia se pudo sobrellevar bien.

Los dueños son argentinos y en realidad el wine bar lo instalaron en Montevideo porque no pudieron ingresar las máquinas dispensadoras de origen italiano a Argentina. Los uruguayos agradecidos.


Deseo de corazón que ambos lugares tengan larga vida ya que aportan a la propuesta cultural y de ocio de la capital que lo estaba necesitando.

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